Pregúntate esto una y otra vez: ¿qué estoy buscando verdaderamente? ¿Qué quiero en mi vida? ¿Qué objetivo tengo en mi vida? No esperes una respuesta o no trates de responderte esta pregunta. Quizá tu objetivo sea tener una bella familia, la pareja perfecta, un ascenso, terminar tu carrera, dinero, éxito, o, quizá, ser alguien diferente a quién eres. No te puedo decir que estás mirando hacia la dirección errada, estas metas son representación de lo que todo ser humano busca a este nivel físico y no son ni buenas ni malas, todo ser humano las tiene. Pero no es a lo que realmente esta pregunta apunta, pues va mucho más allá de lo material hacia niveles más sutiles y espirituales. Pregúntate cuál es tu propósito en esta vida y cuál es el objetivo real en tu despertar o recuperación de tu maestría como el ser divino que eres. Ser consciente de que buscas más allá de toda metamaterial o temporal es uno de los retos más grandes que lleva a un ser humano a salir de la rueda del Samsara o ciclo repetitivo de nacimiento, vida, muerte y repetición de este ciclo de manera interminable, como lo han denominado algunas religiones filosóficas antiguas del mundo.

Hasta que un día encuentres la respuesta sin respuesta o la obvia respuesta y es, quién sino a ti mismo, a quien has estado buscando; es decir, cuando llegas al Mukti, que es la realización o liberación del ciclo de Samsara. En ese estado, finalmente te das cuenta de que la manera en la que te defines en esta vida no tiene nada que ver con el ser divino que realmente eres.

Cuando un ser humano no se ha realizado o llegado al estado de Mukti, es similar a una cebolla cabezona; es decir, pleno de capas o máscaras. Y la realización no es posible hasta que la última capa de la cebolla cae para que así aparezca un botoncillo, que es realmente la esencia de la cebolla.

Entonces, cuestiónate más bien quién no eres. No eres ese personaje, esa profesión; no eres esa madre o padre de familia; no eres ese jefe, artista, profesor, empleado; no eres ese gurú, esa buena o mala persona; no eres esos fracasos o triunfos, no eres ese dolor o esa tristeza, no eres el ladrón o santo; no eres ese apellido. Tampoco eres tú historia personal pasada o presente. Entonces, si no eres todo esto, sin la máscara que te definía, una vez más pregúntate: «Si no soy todos esos conceptos, ¿entonces quién soy?» Y quédate en quietud, no trates de forzar o creer que sabes quién eres. Pregúntatelo una y otra vez sin cansancio: «¿Quién soy yo?».

Quítate la coraza, desármate, deja a un lado las máscaras y en esa pregunta sin respuesta lógica, allí en ese silencio, te encontrarás.

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